Se pasea en la jaula
como si buscara su alma
y mira la gente que deambula.
Pero su aparente abulia
está poblada de recuerdos:
En el lerdo
pasar de los calmos días
él es cruel tormenta,
y el rayo y el trueno.
El león preso
no es el verdadero.
Su cuerpo tenso
y siempre atento
subyace en el transcurso
de la siesta.
Que la vida es una fiesta
cuando la presa suelta
su último suspiro.
Y entre feroces rugidos
anuncia que aún reina
y en sus garras tiene
poder sobre la vida.
Los leones nunca dejan de ser feroces,
atroces dueños de las fantasías
y los sueños.
Y del miedo de los hombres.
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