Simplemente sabía que nunca iba a conocer otro amor.
Ni siquiera otro amor como ése, no: no habría otro amor de verdad en su vida.
Hasta, sin darse cuenta del peso de sus palabras, le dijo un día “todo lo demás en mi vida es pura escenografía”. Y él como si nada, claro.
Sabía que no habría muchas noches de dormir juntos, que no habría fines de semana sin levantarse (ambos) de la cama, que no habría playas y otros soles.
Sabía que él tendría hijos de otra madre, que sus camas siempre serían distintas y que jamás volverían del trabajo a una misma casa.
Siempre lo supo.
Alguna vez vivieron juntos y les fue mal.
Fue un poco un sueño y mucho de pesadilla.
Se separaron mal, como corresponde, y estuvieron años sin hablarse.
Luego volvieron de amantes, se separaron de nuevo. Y así varias veces.
Sabía que la terapia le había hecho bien y que se sentía nueva y revalorizada.
Sabía que estaba para más que de simple amante de tiempo libre.
Sabía que era joven, bonita y todas esas cosas que saben las mujeres cuando están muy tristes.
Sabía que debía olvidarse de él para siempre.
Siempre lo supo.
Sin embargo…
Sin embargo siempre hubo un embrujo que desplegaba su sortilegio cuando menos se lo esperaba, que las malas (y bellas) artes de él, y su ansia, bastaban para volver al mal camino.
Y vaya si volvía.
Volvía y la vida era de nuevo vida.
Y la cama un territorio libre de penas para hacer que la sangre se libere de la memoria y que en esa libertad estalle.
Sabía que podía soñar sus sueños imposibles con el perfume aún en su piel luego de duchas y de horas.
Sabía que nunca fue tan sabia como cuando volvió y nunca fue tan tonta tampoco.
Y tan feliz.
Simplemente sabía que ese era el destino que se tenía designado.
Ella está contenta.
Y se sonríe como para sus adentros, feliz y plena.
Luego se despierta y la vida sigue como pura escenografía.
domingo, 11 de julio de 2010
Ay
Ay de mí
lejos de tu cuerpo.
Barco en altamar
que ha perdido el puerto.
Ay de mí
lejos de tu boca
que mi mente evoca
ya como espejismo.
Ay de mí
lejos de mí mismo
que si te pierdo
me sumo en el abismo.
Ay de mí
ya sin universo
que lloro en estos versos
mis lágrimas de pena
que no se hacen poema
y quedan en lamentos.
lejos de tu cuerpo.
Barco en altamar
que ha perdido el puerto.
Ay de mí
lejos de tu boca
que mi mente evoca
ya como espejismo.
Ay de mí
lejos de mí mismo
que si te pierdo
me sumo en el abismo.
Ay de mí
ya sin universo
que lloro en estos versos
mis lágrimas de pena
que no se hacen poema
y quedan en lamentos.
Soledad
Él, que había confiado siempre en el poder de las palabras, comprendió sorprendido y resignado que en ese momento, la mejor respuesta era el silencio.
No tenía sentido argumentar, seducir o tejer sortilegios.
Se había roto.
Y lo que está roto no queda como antes por mejor pegamento que se tenga a mano.
La magia no obró el milagro necesario.
La única excusa para dormir todavía juntos era la noche.
El calor, la forma y el olor del cuerpo que yacía (¿dormido?) a su lado, de a poco se iría desdibujando como una foto muy vieja.
Trazó en su mente almanaques que abarcaran mucho tiempo, y se detuvo en fechas al azar para adivinar cuánto de ese recuerdo aún viviría en su mente.
Musitó algunos versos (inútiles) como para no perder la costumbre, todavía un poco incrédulo de su inefectividad.
Quiso estirar la mano y dar una penúltima caricia, pero al fin decidió que no, que si ella no dormía esa caricia le iba a doler y la iba a incomodar más todavía.
Prendió otro cigarrillo, siempre le agradó que ella también fumara en tiempos de dictadura anti tabaco y gente bien intencionada por doquier que obliga a todo el mundo a cuidar de su salud, y se dio vuelta. Era la última vez que dormían juntos y él no tenía otra cosa que ofrecer que su espalda.
Apagó el cigarrillo, las luces de la noche se colaban por la persiana.
“Mañana estaré solo”
No tenía sentido argumentar, seducir o tejer sortilegios.
Se había roto.
Y lo que está roto no queda como antes por mejor pegamento que se tenga a mano.
La magia no obró el milagro necesario.
La única excusa para dormir todavía juntos era la noche.
El calor, la forma y el olor del cuerpo que yacía (¿dormido?) a su lado, de a poco se iría desdibujando como una foto muy vieja.
Trazó en su mente almanaques que abarcaran mucho tiempo, y se detuvo en fechas al azar para adivinar cuánto de ese recuerdo aún viviría en su mente.
Musitó algunos versos (inútiles) como para no perder la costumbre, todavía un poco incrédulo de su inefectividad.
Quiso estirar la mano y dar una penúltima caricia, pero al fin decidió que no, que si ella no dormía esa caricia le iba a doler y la iba a incomodar más todavía.
Prendió otro cigarrillo, siempre le agradó que ella también fumara en tiempos de dictadura anti tabaco y gente bien intencionada por doquier que obliga a todo el mundo a cuidar de su salud, y se dio vuelta. Era la última vez que dormían juntos y él no tenía otra cosa que ofrecer que su espalda.
Apagó el cigarrillo, las luces de la noche se colaban por la persiana.
“Mañana estaré solo”
Nubes
Pasé muchos años de mi vida por las nubes
y cuando tuve que bajar a tierra había olvidado
el uso de las piernas,
tropecé con cada piedra se cruzó por mi camino
como si mi destino fuera dar tropezones.
Pasé tanto tiempo sin razones
que cuando encontré alguna
se me hizo una laguna
y no recordé qué era.
Pasé tántos años entre las nubes
que a veces las extraño
y ahora que vuelvo a ser humano
añoro la vida de los pájaros.
y cuando tuve que bajar a tierra había olvidado
el uso de las piernas,
tropecé con cada piedra se cruzó por mi camino
como si mi destino fuera dar tropezones.
Pasé tanto tiempo sin razones
que cuando encontré alguna
se me hizo una laguna
y no recordé qué era.
Pasé tántos años entre las nubes
que a veces las extraño
y ahora que vuelvo a ser humano
añoro la vida de los pájaros.
Inercia
Acaso fuera posible morir sin enterarse
y no saber que se cometen las peores villanías.
Acaso fuera posible dejar pasar la vida
y creer que se está muy vivo.
Nada peor para la vida que la inercia,
confiar demasiado en la experiencia
y olvidar que siempre se aprende algo.
Y no darse cuenta que de repente
así como se respira, luego el aire cesa.
Nada peor que el pan en la mesa
sin comensales que compartan la comida.
Y las tristísimas heridas
que va dejando el tiempo
no cicatrizan si se las olvida.
Acaso fuera posible hacerse tan el distraído
que hasta los amores perdidos
se pierdan en la historia.
Como el asno de la noria, se camina
y no se va a ningún lado,
que de tanto estar cansado
de sufrir los sufrimientos
se queda uno sin el aliento
de la vida.
y no saber que se cometen las peores villanías.
Acaso fuera posible dejar pasar la vida
y creer que se está muy vivo.
Nada peor para la vida que la inercia,
confiar demasiado en la experiencia
y olvidar que siempre se aprende algo.
Y no darse cuenta que de repente
así como se respira, luego el aire cesa.
Nada peor que el pan en la mesa
sin comensales que compartan la comida.
Y las tristísimas heridas
que va dejando el tiempo
no cicatrizan si se las olvida.
Acaso fuera posible hacerse tan el distraído
que hasta los amores perdidos
se pierdan en la historia.
Como el asno de la noria, se camina
y no se va a ningún lado,
que de tanto estar cansado
de sufrir los sufrimientos
se queda uno sin el aliento
de la vida.
Tan secreta y tan ajena
Tengo que soportar mi duelo
en un gran silencio,
sólo con el necio
palpitar de mi corazón
en desconsuelo.
Debo llorar oculto
y en solitario punto,
quebrarme.
Cómo puedo olvidarte
si en mi mente
no tengo más que tu nombre.
No es justo que un hombre
deba ocultar su pena
por ser tan secreta.
Y vos tan ajena.
en un gran silencio,
sólo con el necio
palpitar de mi corazón
en desconsuelo.
Debo llorar oculto
y en solitario punto,
quebrarme.
Cómo puedo olvidarte
si en mi mente
no tengo más que tu nombre.
No es justo que un hombre
deba ocultar su pena
por ser tan secreta.
Y vos tan ajena.
Réquiem
Lo que perdura
es tu recuerdo y la duda
de lo que pudo ser
y no ha sido.
Y la memoria de haber vivido
felices en un tiempo
que querrá llevarse el viento
del olvido.
Claro, todo cesa,
todo termina
en esta pobre vida
que no se interesa
en los lamentos
de los muertos
y los vivos.
Ya te has ido
y no sé donde buscarte,
pero he de recordarte
como el amigo más querido
que he perdido
en el camino.
Valgan mis lágrimas sentidas
y éstos tristes versos
como beso
de despedida.
es tu recuerdo y la duda
de lo que pudo ser
y no ha sido.
Y la memoria de haber vivido
felices en un tiempo
que querrá llevarse el viento
del olvido.
Claro, todo cesa,
todo termina
en esta pobre vida
que no se interesa
en los lamentos
de los muertos
y los vivos.
Ya te has ido
y no sé donde buscarte,
pero he de recordarte
como el amigo más querido
que he perdido
en el camino.
Valgan mis lágrimas sentidas
y éstos tristes versos
como beso
de despedida.
Viejo león
Se pasea en la jaula
como si buscara su alma
y mira la gente que deambula.
Pero su aparente abulia
está poblada de recuerdos:
En el lerdo
pasar de los calmos días
él es cruel tormenta,
y el rayo y el trueno.
El león preso
no es el verdadero.
Su cuerpo tenso
y siempre atento
subyace en el transcurso
de la siesta.
Que la vida es una fiesta
cuando la presa suelta
su último suspiro.
Y entre feroces rugidos
anuncia que aún reina
y en sus garras tiene
poder sobre la vida.
Los leones nunca dejan de ser feroces,
atroces dueños de las fantasías
y los sueños.
Y del miedo de los hombres.
como si buscara su alma
y mira la gente que deambula.
Pero su aparente abulia
está poblada de recuerdos:
En el lerdo
pasar de los calmos días
él es cruel tormenta,
y el rayo y el trueno.
El león preso
no es el verdadero.
Su cuerpo tenso
y siempre atento
subyace en el transcurso
de la siesta.
Que la vida es una fiesta
cuando la presa suelta
su último suspiro.
Y entre feroces rugidos
anuncia que aún reina
y en sus garras tiene
poder sobre la vida.
Los leones nunca dejan de ser feroces,
atroces dueños de las fantasías
y los sueños.
Y del miedo de los hombres.
Último poema de amor
Inapelable y eterna,
y fraterna compañera
de mi vida.
A medida que pasan los días
me acerco a vos un poco,
y un poco de reojo
miro tu mirada impenetrable.
No hay nada comparable
a la verdad de tus promesas
y acaso en una de ellas
esté el secreto de la vida.
No hay nada más seguro
que tu abrazo
y que en tu regazo
dormiré en paz
y sin recuerdos.
Serás la última que bese
pese a que me gusta
regalar mis besos.
Y con la fe el converso
te daré mis tristes versos,
a modo de último suspiro.
Amante eterna,
mi límite, mi frontera,
mi razón de ser, mi suerte.
A vos acudo, irrevocablemente,
mi norte, mi paz.
Mi muerte
y fraterna compañera
de mi vida.
A medida que pasan los días
me acerco a vos un poco,
y un poco de reojo
miro tu mirada impenetrable.
No hay nada comparable
a la verdad de tus promesas
y acaso en una de ellas
esté el secreto de la vida.
No hay nada más seguro
que tu abrazo
y que en tu regazo
dormiré en paz
y sin recuerdos.
Serás la última que bese
pese a que me gusta
regalar mis besos.
Y con la fe el converso
te daré mis tristes versos,
a modo de último suspiro.
Amante eterna,
mi límite, mi frontera,
mi razón de ser, mi suerte.
A vos acudo, irrevocablemente,
mi norte, mi paz.
Mi muerte
Perdido en tus recuerdos
Desconocés las veces que soñé
con estar en tu boca y en tus brazos,
en tu cama y tu regazo,
y en el futuro de tu vida.
Y aunque te sé perdida,
tu cálido reflejo
aún es mi norte
en el medio de las noches
de tormenta.
Mis heridas siempre abiertas
y mi corazón en un hueco
justo del tamaño de tu cuerpo,
ya casi sin voz, te llaman.
Pero todas las palabras
que claman y reclaman
tu vuelta,
quedan muertas
antes de llegar a mi boca.
Este triste poema que evoca
tiempos de un amor que se ha ido
tal vez lo encuentres, perdido
en algún rincón de tus recuerdos.
con estar en tu boca y en tus brazos,
en tu cama y tu regazo,
y en el futuro de tu vida.
Y aunque te sé perdida,
tu cálido reflejo
aún es mi norte
en el medio de las noches
de tormenta.
Mis heridas siempre abiertas
y mi corazón en un hueco
justo del tamaño de tu cuerpo,
ya casi sin voz, te llaman.
Pero todas las palabras
que claman y reclaman
tu vuelta,
quedan muertas
antes de llegar a mi boca.
Este triste poema que evoca
tiempos de un amor que se ha ido
tal vez lo encuentres, perdido
en algún rincón de tus recuerdos.
Fortuito rojo
Pelo rojo, ensueño rojo
y no puedo sacarte los ojos
de encima.
Es que mi mente alucina
con tu piel tan blanca
y las palabras se me traban
al pensar como pecan
cada una de tus pecas
al celebrar la vida.
Entre dormida te espío,
suicida
al borde del abismo.
Porque no soy yo mismo
y mi lógica se arroja
al mirarte, pelirroja
al otro lado del pasillo.
y no puedo sacarte los ojos
de encima.
Es que mi mente alucina
con tu piel tan blanca
y las palabras se me traban
al pensar como pecan
cada una de tus pecas
al celebrar la vida.
Entre dormida te espío,
suicida
al borde del abismo.
Porque no soy yo mismo
y mi lógica se arroja
al mirarte, pelirroja
al otro lado del pasillo.
Quiera la buena muerte
Quiera la buena muerte
venir a besar mi boca
con sus besos que provocan
el irreparable olvido.
Quiera extraviar mi memoria
tu atesorado recuerdo
para no ser más el perro
que desconsolado muere
a los pies de tu tumba.
Quiera la sutil penumbra
cegar la luz de mis ojos
para no verte de reojo
a la vuelta de cada esquina.
Quieran todos los males
asaltar mi pobre vida
para concluir mi diatriba
hacia mi suerte maldita
con otra protagonista
de mi roto corazón,
de la agonía de mi mente
y del hambre de mi cuerpo.
venir a besar mi boca
con sus besos que provocan
el irreparable olvido.
Quiera extraviar mi memoria
tu atesorado recuerdo
para no ser más el perro
que desconsolado muere
a los pies de tu tumba.
Quiera la sutil penumbra
cegar la luz de mis ojos
para no verte de reojo
a la vuelta de cada esquina.
Quieran todos los males
asaltar mi pobre vida
para concluir mi diatriba
hacia mi suerte maldita
con otra protagonista
de mi roto corazón,
de la agonía de mi mente
y del hambre de mi cuerpo.
Teje el tiempo
Teje el tiempo en la memoria
recuerdos ilusorios
o desfigura ciertos notorios
acontecimientos
hasta hacerlos puro olvido.
Teje el tiempo en la noria
de los días
y las cosas importantes
se desdibujan entre impías
nimiedades cotidianas.
Teje el tiempo los velos de la nada,
que la vida pasada
se hace trizas
entre las fruslerías
de la jornada
por mirar a un mañana
que transcurrida una semana
habremos olvidado.
Teje el tiempo hielo en mis manos
que derretirá el sol
de tu sonrisa temprana
que (ayer, hoy y mañana)
ilumina mi jornada.
recuerdos ilusorios
o desfigura ciertos notorios
acontecimientos
hasta hacerlos puro olvido.
Teje el tiempo en la noria
de los días
y las cosas importantes
se desdibujan entre impías
nimiedades cotidianas.
Teje el tiempo los velos de la nada,
que la vida pasada
se hace trizas
entre las fruslerías
de la jornada
por mirar a un mañana
que transcurrida una semana
habremos olvidado.
Teje el tiempo hielo en mis manos
que derretirá el sol
de tu sonrisa temprana
que (ayer, hoy y mañana)
ilumina mi jornada.
Te has ido
Te has ido de mi
sin un último beso,
sin una despedida.
Te has ido con el perverso
adiós de los despechados
como si yo fuera un dechado
de vilezas.
Te has ido con tristeza
como si nunca hubiera
sucedido nada bueno.
Te has ido como el trueno
que retumba en la tormenta.
Te has ido con las venas abiertas
y sangrantes.
Te has ido,
y de ahora en adelante
mi alma estará desierta
y mi vida suspendida.
sin un último beso,
sin una despedida.
Te has ido con el perverso
adiós de los despechados
como si yo fuera un dechado
de vilezas.
Te has ido con tristeza
como si nunca hubiera
sucedido nada bueno.
Te has ido como el trueno
que retumba en la tormenta.
Te has ido con las venas abiertas
y sangrantes.
Te has ido,
y de ahora en adelante
mi alma estará desierta
y mi vida suspendida.
De lluvia y de hollín
Soy un náufrago olvidado
en su isla en medio de la ciudad
y uno a uno los fantasmas
a dentelladas desgarran
mi eterna soledad.
Soy un amor perdido en el pasado
que en tus recuerdos
raras veces pasa a saludar,
unos versos sin sentido
arrumbados en el fondo de un cajón.
Soy un soplo de añoranzas
que te ronda de trasnoche
como una triste historia sin fin,
que se va tal como vino
cuando desde el río
llega un aire hecho de lluvia
y de hollín.
en su isla en medio de la ciudad
y uno a uno los fantasmas
a dentelladas desgarran
mi eterna soledad.
Soy un amor perdido en el pasado
que en tus recuerdos
raras veces pasa a saludar,
unos versos sin sentido
arrumbados en el fondo de un cajón.
Soy un soplo de añoranzas
que te ronda de trasnoche
como una triste historia sin fin,
que se va tal como vino
cuando desde el río
llega un aire hecho de lluvia
y de hollín.
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