Desconocés las veces que soñé
con estar en tu boca y en tus brazos,
en tu cama y tu regazo,
y en el futuro de tu vida.
Y aunque te sé perdida,
tu cálido reflejo
aún es mi norte
en el medio de las noches
de tormenta.
Mis heridas siempre abiertas
y mi corazón en un hueco
justo del tamaño de tu cuerpo,
ya casi sin voz, te llaman.
Pero todas las palabras
que claman y reclaman
tu vuelta,
quedan muertas
antes de llegar a mi boca.
Este triste poema que evoca
tiempos de un amor que se ha ido
tal vez lo encuentres, perdido
en algún rincón de tus recuerdos.
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