Inapelable y eterna,
y fraterna compañera
de mi vida.
A medida que pasan los días
me acerco a vos un poco,
y un poco de reojo
miro tu mirada impenetrable.
No hay nada comparable
a la verdad de tus promesas
y acaso en una de ellas
esté el secreto de la vida.
No hay nada más seguro
que tu abrazo
y que en tu regazo
dormiré en paz
y sin recuerdos.
Serás la última que bese
pese a que me gusta
regalar mis besos.
Y con la fe el converso
te daré mis tristes versos,
a modo de último suspiro.
Amante eterna,
mi límite, mi frontera,
mi razón de ser, mi suerte.
A vos acudo, irrevocablemente,
mi norte, mi paz.
Mi muerte
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